Adios al chupete


Cómo y cuándo un niño debe dejar el chupete a veces puede convertirse en una situación de tensión para toda la familia. Y en ese contexto, se evidencian miles de preguntas, estrategias y reacciones. En el recuadro anexo se describen algunas de tales situaciones y éstas ponen en evidencia las pautas de crianza predominantes.

Es decir, lo que una familia dice acerca de la relación de su niño con el chupete, deja ver más allá y permite descubrir otras realidades, por ejemplo:

-    Un grado de desconocimiento de que el chupete es mucho más que el chupete, que cumple una función y que dejarlo implica la transición hacia otra etapa...

-  Un uso del chupete muchas veces para “tapar la boca”, “acallar” necesidades o requerimientos del niño que no pueden ser interpretados y contenidos.

-  Una vivencia naturalizada de la dependencia en la crianza, de trivialización de la necesidad de los sucesivos desprendimientos para ir conquistando autonomía.

-  Una naturalización del tiempo de uso del chupete como algo aleatorio.

-   Una vivencia del uso del chupete fuera de la edad como problema intrascendente.

-   Una dificultad de trabajar la “despedida” del chupete, desde un proceso donde los límites y la contención facilitan el proceso de crecer.

Hay pautas de crianza predominantes que confunden y desconciertan a los padres. Entonces, en ocasiones esto conlleva esperar que “lo deje solito” o armar estrategias de “engaños convincentes” (“se perdió”, “se estropeó”, etc.) en lugar de enseñarle que el chupete es “cosa del pasado”.

Según los especialistas, lo recomendable sería festejarle que ¡ya pasó de etapa!, y contarle que el chupete fue su compañero, que le ayudaba a libar placeres en su boca cuando no tenía casi palabra; pero que ahora ese placer queda grabado en su memoria para poder disfrutar de ese puré tan rico, o para darle besitos al osito. Y contarle que ahora tiene nuevas herramientas a su alcance para disfrutar: por ejemplo puede seguir la pelota que rueda tras su gateo; puede sentir cómo su energía se descarga en ese agarrarse a los barrotes de una silla para, cual “montañista ilusionado”, alcanzar “¡altura!” (nada más, ni nada menos que ponerse de pie!)... y tener la boca libre para decir “¡Ahhhh!”

¡Tantas otras cosas podrían decírsele que le abrieran universos del mañana!... en un camino de autonomía... el chupete se acabó porque ya no lo necesita. Y sin embargo, cuando  tristemente se le dice “se lo comió el gato”, entonces se fractura su camino de independencias, y así no puede alcanzar “alturas”.

Esto parece exagerado. Sería verdad si sólo se tratase del chupete. Pero en el libreto social de pautas a seguir, normas y preceptos promueven paso a paso la distorsión de cada pauta de crianza; se enseña a hacer de más y no lo que el niño necesita; se dificultan las separaciones necesarias; la elaboración de los duelos; los límites que ayudan a crecer. Así,  hay adultos dispuestos a “proveerle todo”, después reprochan los comportamientos caprichosos y luego intentan ejercer autoridad sin resultados, ya que no limitan lo que tienen que limitar.

 

Frente a esto estemos atentos ante la espera “entusiasmada” de esa mano tendida que el niño busca para avanzar en la conquista paso a paso, de cada nuevo aprendizaje. Festejemos la despedida del chupete con una fiesta, con una torta, con globos, serpentinas y colores. Despidamos al chupete sin esconderlo, despidamos al niño pequeñito, recibamos a nuestro “escalador de alturas”, dispuestos a guiarlo en su aventura.

 

Para pensar

Crecer es dejar atrás el chupete, el biberón

el pequeño pantalón, los patucos y los mocos (…)

Crecer es algo que nos da pena sintiendo mucha alegría,

es por su caminar lento,

algo que llevamos dentro que no podemos frenar.

El crecer tiene tal fuerza, que por mucho que intentes,

frenarlo sería imposible y destruirlo imprudente (…)

 

Reflexión elaborada por los papás de una de las Escuela para padres del Centro de Desarrollo de Salud Comunitaria (C.P. Francisco Ruano, Puente Valleca).

 

Todo lo que se dice acerca del chupete

 

En las familias se suelen escuchar las siguientes frases sobre el chupete.

-   ¡Ha llegado el momento de dejar el chupete! (máximo alrededor del año).

-   Se cayó por la ventana y se lo comió el gato. “Qué más da si no entiende”, o  “mejor, así no lo reclama”. Pero fijate qué gracia, aparece a los tres días con el chupete porque lo encontró y dice ¡Mamá el gato me lo devolvió! (3 años) y ahora sí que no hay quién se lo quite.

-   No quiero que pase como con el mayor, que con cuatro años no había forma de que lo dejara.

-   ¿Por qué va a ser malo el chupete? No hay que exagerar.

-   Depende de cada niño, porque mi sobrina nunca lo quiso y sin embargo mi hijo, ahí lo ves, con 2 años y tan a gusto y ninguno de los dos está traumatizado”.

-   Ya lo dejará él solito (1 año).

-   Bueno, ya lo había dejado pero nació su hermanita y volvió a agarrarlo y como está con celitos, nosotros lo dejamos (3 años).

-   En vacaciones se nos olvidó y no veas a su padre recorriendo farmacias, porque no quería ninguno. Finalmente le dijimos que se lo llevó el lobo (1 año y medio).

-   El pediatra me ha dicho que tiene bien los dientes y el paladar, así que no me preocupa todavía (2 años).

-   Mira, yo por no oírlo… (1 año).

-   A mí me da una penita que crezcan. Son preciosos a esta edad. Deberían quedarse así chiquitos (10 meses).

-   Ya ves, otra vez de bebé (en brazos y con chupete), como está enfermito... (3 años).

-   De pequeño no hubo manera y mirá ahora parece que le gusta (7 meses), lo que sí es que no hay forma que quiera la cuchara, tengo que darle una cucharada y chupete, una cucharada y chupete.

-   ¡Uf! Ya no sé qué hacer, mira que le digo de todo... pero nada (3 años).

-   A falta de uno, dos. Uno en la boca y otro en la mano. Si no, no se duerme (2 años y medio).

 

Y la lista puede seguir de manera interminable, alrededor de chupete se tejen miles de historias familiares. Detrás de todas ellas, hay pautas subyacentes de crianza. Lo importante será, entonces, aprender a reconocer cuándo se acerca el fin de esta etapa, y cómo ayudar al pequeño a encararla y, por ende, a crecer…


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